Benedicto XVI, que se encuentra de viaje pontificio por África, declaró el martes, durante su estancia en Camerún, que el sida no se resuelve con el uso de condones, sino que, por el contrario, éstos "agravan los problemas". Como siempre, la receta del pontífice, es fidelidad y abstinencia. Mano de santo, oiga. El mundo ha contestado a semejante puesta en peligro de la salud pública mundial, a un mensaje irresponsable que supone una reafirmación de la Iglesia en su defensa de sus dogmas ante la mayor epidemia de nuestro siglo. Dice Rebecca Hodes, de la campaña Tratamiento en Acción, que su afirmación supone que "para él es más importante el dogma religioso que la vida de los africanos".

El no del Papa a los condones ha sido criticado por Europa, por Gobiernos que aprecian el papel del pontífice en el mundo, como el francés y el alemán. Estos Gobiernos han expresado su "grandísima preocupación" por estas palabras, que, como dice el portavoz del Ministro de Asuntos Exteriores francés "sin entrar a juzgar la doctrina de la Iglesia, esas declaraciones ponen en riesgo las políticas de salud pública y los imperativos de proteger la vida humana". Por su parte, los ministros de Sanidad y Cooperación alemanes afirmaron que "los condones salvan vidas".

Mientras, en España, se pasó a la acción. Sanidad hizo un envío de un millón de preservativos a África. No es que los condones sean la solución contra la enfermedad, pero está probado que ayudan a prevenirla. El ministerio afirmó que el preservativo "ha demostrado ser un elemento necesario en las políticas de prevención y una barrera eficaz contra el virus, según los estudios de laboratorio".

En un continente en el que, según cifras de la ONU de 2007, sólo en África subsahariana se estima que unos 22 millones de personas están infectadas por el virus, afirmar que los condones empeoran la epidemia, es inquietante e inadmisible. El director del Fondo Mundial de la Lucha contra el Sida, Michael Kazatchkine, declaró, en Radio France Inter, que las del Papa "son palabras inaceptables". La Iglesia sigue en sus trece, y quizá aún más desde que Benedicto XVI sucedió a Juan Pablo II. En cada declaración dan un paso atrás en educación sexual, lucha contra el sida o conflictos entre religiones. Quizá deberían cambiar planteamientos adecuándose a los tiempos y las circunstancias, o simplemente, dejar de opinar sobre ciertos temas...

 

Fuentes:

Juliette